El agua es incolora: cierto, es cuestión absolutamente admitida y científicamente probada; pero no es menos cierto que es un excelente vehículo de transmisión de la luz, y por consiguiente, del color. Sin dejar de tener en cuenta un instante el factor de oscuridad y sombra que nos revela el epicureísta. 
 
   Pero aquí debemos reparar en otro factor importante: el Movimiento. El agua en movimiento provoca una distorsión en la percepción del individuo sobre la realidad habitual que invita a la abstracción, que fuerza a considerar aspectos no convencionales, que abre un camino a interpretaciones más amplias y menos acomodadas, que crea, en definitiva, danzantes duendes. Es así como el agua pinta, modela, engarza.